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miércoles

Despiertenme para el Tricentenário...

Hace ya un siglo, la fiesta del "Centenario" estuvo centrada en Santiago. Pensada como el "...mejor momento para mostrar una ciudad moderna ante el resto del mundo", la comisión para su planificación se constituyó 16 años antes, en el 1894. La muerte de Pedro Montt a un año de la celebración en nada aguó la fiesta. El Centenario dejó en Santiago un legado urbano sin igual, entre lo que se cuenta la Estación Mapocho, la Biblioteca Nacional, el Bellas Artes, además de parques, construcciones neoclásicas, el alcantarillado, y el alumbrado público, obras no menores considerando el pobre estado de las arcas fiscales de la época.

Hoy el Bi-Centenario viene siendo lo mismo que la sobredosis de música folclórica por dos semanas en septiembre u otras dos de alegres villancicos para Navidad, o sea, tan agradable como una hemorroide gigante en el culo.

El gran aniversário que debiese enorgullecernos, utilizado como un popurri comunicacional demagogico de logo bonito. Una sartalada de proyectos sueltos e incoherentes, calzados al milímetro con el desespero eleccionario de quedar bien con todo el mundo. Una acción tardía y frenética para compensar la sequía creativa con la cual el politiquerío se finiquita 20 años de autocomplacencia.

En medio de la contienda electoral más carente de ideas de todas, cualquier obra calza, inclusive aquellas que se harían con o sin bicentenário, desde becas, los parques, una red sismológica, computadores a destajo e inclusive centros culturales y parques que glorifican a la gran poetisa Mistral, ejemplo de mujer Chilena, cuyo legado que más interesa hoy, es su correspondencia lesbica convertida en Best Seller.

Despiertenme para el Tri, porque allí del Bi, nadie tendrá memória alguna.
Foto: Moneda del Bicentenário Mexicano: http://www.cancunforos.com/

martes

La bitacoreta y el cambio.


Cofradías de desalmados se han apoderado de todo. Han caricaturizado un pasado, amarrado el futuro, secuestrado las ideas del presente, monopolizado la opinión. Unos escasos e insignificantes pocos levantan sus inaudibles voces en protesta, pero complacientes callan en función de obtener una mascadita. Del viejo sí o un no, de un blanco o un negro se evolucionó a una complicidad sin extremos tan hipócrita como fétida, en la que muchos ganan.

Existe un permanente vencedor, que es rey, soberbio, déspota, ganador, que entiende que siempre lo será. Un séquito profuso de parásitos, usualmente ilustrados, convencidos de su mérito, le venden el alma de por vida a los reyezuelos y príncipes. Algunos le son críticos, aunque callan, pues el rey, el altanero líder, premia a sus soldaditos con el privilegio de no tener que transpirar para obtener nada, menos un trabajo.

Hacerte parte de esa red, de esa buena trenza, viene siendo la consigna. Tu líder has de favorecer y darle la oportunidad de inauguraciones de proyectos de (dudoso) futuro, discursos a quedar estampados en la piedra y bronce de la inmediatez. Entre canapés de fríos y calientes, todos buscan unas palabras del hocico anfibio relleno de champagne del líder. Todos buscan su mirada, pertenecer a su jerarquía.

Consíguele tribuna, capital político a ti, a tu rey, tu mecenas, flash de por medio, hazte parte de esa trenza, de ese mediocre escalafón, pero cuidado: las redes se extienden por todos lados. Cuidado con esa pared, ese ascensor, esa ventana, todo tiene oídos. A cuidarse especialmente de las conversaciones, en especial de aquellas que aparentan ser sinceras, no querrás caer en desgracia, defenestrado por pretender ser un poco menos mierda que el resto.
Imagen: Blog En clave de Fo.

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