El país llamado Chile, se divide de norte a sur en 13 regiones, estando Santiago, la capital, extrañamente asignada como la región número 13 o Región Metropolitana. No me pregunten porqué si existen 13 regiones de norte a sur, la número 13 no está al lado de la 12, sino que más bien entre la 5 y la 6, es decir en el medio del país. Solo les digo que la idea de numerar el país fue de los milícos. Quizá ahora se entienda mejor. En fin, volviendo a nuestra historia inicial, les cuento que en esa Región 13 o Metropolitana existen las llamadas comunas, o barrios. Una de esas comunas se llama Las Condes, barrio que tradicionalmente es residencia de familias de clase media, y sobretodo medio acomodada y de alto poder adquisitivo. Dentro de esta comuna, existe un área llamada El Golf, donde se encuentra el metro cuadrado más caro de Sudamérica. Las antiguas casas y palacetes franceses que alguna vez adornaron a tan tradicional vecindario, han sido exterminados como plagas de jardín para dar paso a imponentes edificios con punta de aguja, estilo Nueva York y a edificios blancos de espejos verdosos al más puro estilo Miami. Cualquier rastro de sabor típico chileno, ha sido exterminado a punta de cemento, espejos importados y nombres 'sofisticados' del estilo Ritz Carlton, Starbucks, Bennigan's, Fridays etc. Esta área está a escasas cuadras del llamado Sanhattan, o Manhattan Shileno, conformado por monumentales edificios inteligentes donde tienen sede multinacionales e importantes empresas nacionales.
En Chile, a la mujer que recibe dinero a cambio de sexo, se le dice
Maraca. En los puertos y en las antiguas oficinas salitreras del país, los hombres se referían a ellas respetuosamente como
Chimbirocas.
El problema Como el dinero atrae, entre otras cosas el sexo pagado, la zona de El Golf, es así mismo medio laboral para un importante número de Chimbirocas quienes circulan por las calles del sector ya entrada la noche, en busca de un amable conductor que les permita llegar, no al orgasmo, sino que a fin de mes, con algo decente que comer.
La autoridad pública de más poder en la Comuna de Las Condes es el Alcalde.

En el caso del Barrio El Golf, se trata del Alcalde Francisco de la Maza, a quien nos referiremos acá como 'Francisco el Granputofóbico'.
La solución Pues Francisco el GranPutofóbico, con tal de combatir el rampante maraqueo afeador de calles, ideo una especie de toque de queda para automóviles en determinadas calles del barrio. A contar del 1 de Septiembre, y desde las 23.30 hasta las 5 AM, se restringe el tránsito vehicular por diversas arterias residenciales del Barrio El Golf. Para que no lo acusaran de fascista, ideó algo así como un plebiscito, recibiendo un 59.6% de apoyo popular. La medida será complementada por lo ya conocidos auto-patrullas (coincidentemente de color rojo night club) que circulan en el área. Francisco, quien se inspira en los mismos libros que su antecesor y amigo Lavin, se le ocurrió hace ya un tiempo atrás la original idea de presión sicológica. Esta consiste en que los auto-patrullas carguen en su parte superior unos enormes focos de alto poder, que iluminan a las chimbirocas, quienes corren todas avergonzadas con sus tacos aguja hacia el resguardo de un paradero de locomoción colectiva, alegando de pasada: "ayy que son pesssadossss"...
Pero Francisco elGranputofóbico no se quedó en las acciones nomás, sino que sacó la voz, pasando a la historia como uno de los más inconsecuentes caras de raja de la política reciente, al decir: "llamo al gobierno a no hacerse los ciegos y los sordos ante comercio sexual..."
Resulta que Francisco no solo es putofóbico, sino que además le carga la gente fea y la gente pobre. Menos aún si reúnen esas 3 condiciones: feos, pobres y chimbirocos. Sin embargo, para que no lo acusaran de clasista o que se yo de putofóbico, le mandó un segundo recado al gobierno, diciendo: "Ha llegado la ho

ra en que en la zona metropolitana se defina un área con un barrio rojo, un lugar en que se puedan desarrollar este tipo de actividades" declaró el Edil, en el diario conservador El Mercurio de la capital, generando infartos, ataques histéricos, de pánico y parálisis faciales en el barrio alto. Entiéndase sin embargo que dijo 'la zona metropolitana', no Las Condes, tirándole de taquito la cefalea al que le llegue.
Imagínense que la Presidenta de Chile, en su promesa por acabar con la pobreza en los primeros 90 días de su mandato, decide construir un hoyo gigantesco, de cinco Km. de ancho y 2 de profundidad, donde enterrar a todo aquel que gane menos de un salario mínimo mensual. Una vez que metemos a todos los pobres, cerramos el hoyo con tierra, cemento, y solucionado el problema de la pobreza. Sobraría espacio para enterrar a cualquiera que tuviera algo más grave que un simple resfrío y solucionaríamos el problema de las filas en los hospitales. Ah, y enterremos a los viejos culiados también, (entiéndase por viejo culiado, aquel adulto mayor que alguna vez quisimos pero que ahora se orina solo) y le sobraría la plata de

la jubilación al gobierno para seguir haciendo carreteras. Demás que si los apretamos un poco caben todos ¿Y los delincuentes? ¡Pero claro! Mira, hacemos el hoyo medio kilómetro más grande y nos cabe toda la plaga de chimbirocas desplazadas por Francisco Putofóbio de Las Condes. Y sabís que más, aprovechemos y metamos a los hippies, comunistas y a los maricones también, diría la oposición, inéditamente felices con la medida.
Por favor...
Estos son nuestros ilustres políticos. Uno ofrece cursos de peluquería como conversión de la prostitución, otro simplemente ventilarlos de la comuna, cual empleada floja mete la mugre bajo la alfombra.
Chimbiroca No! Trabajadora de la calle...Claro, nadie quiere a una niña 'de esas' parada en la esquina de su casa. Menos si le muestra el colaless rosado metido en el culo, y una vistosa jarra de frutas de peluca, a cada auto que pasa por la esquina de tu hogar. Solo no hay que olvidar señor, señora, joven lector de la bitacoreta que, como cualquier producto o servicio de consumo masivo, la existencia del chimbiroqueo responde a una necesidad, y que por ende el problema está tanto en la oferta, como en la demanda.