lunes

Las Manta Raya que nos bailaron Mozart

A Ella se le ocurren las ideas. Anda pendiente de todo, de mi celular, de las fechas, de mis llaves, de los horarios, cumpleaños. Yo no. Yo ando pajareando la mitad del día, y cuando estoy por avivarme, ya es hora de acostarse. En fin, así es uno nomás. Como decía, a ella se le ocurren las cosas, que hacer, adonde ir, que ir a comer. Yo a la hora del menú me demoro unos 15 minutos en decidir que comer. Ella abre el menú, le pega una mirada en diagonal y dice ¡listo!, todo en unos 30 segundos. Cuando llega la comida su plato es una exquisitez de chuparse los dedos, y el mío usualmente un pedazo de carne seco cubierto con una exótica salsa intragable.

Así que el otro día me sorprendió con entradas para una aventura que al escucharla me pareció medio extraña. Me dijo que pasaríamos la noche con los tiburones. ¿Con quien? le pregunté yo. ¿Pasar la noche en que sentido? Bobo, me dijo, se trata de un tour de toda la noche en el acuario de Baltimore. ¿Como toda la noche? Si, me dijo, empieza a las 5 de la tarde hasta la mañana del día siguiente...amazing, le respondí. Así que el sábado tal, partimos a Baltimore a dormir con los tiburones. Ella se encargó de todo, las entradas, agua, crema para la maldita sequedad de las manos que me persigue, los celulares, las almohadas, me cargó la bateria de la cámara y me recordó dos veces que no se me olvidara. Yo andaba distraído no sé en que hasta los últimos minutos antes de partir.

Al llegar los turistas ya estaban de salida, lo cual agradecimos. Nos metieron a una sala con nuestras almohadas y sacos de dormir recién comprado. Además de nosotros había unas 15 personas, con quienes nos hicimos los simpáticos sin mucha reciprocidad la verdad. Rica noche pensé al verle la cara a nuestros colegas 'aventureros' con cara de pescado.

El acuario de Baltimore es una construcción espectacular. Son 20 mil metros cuadrados, 20 millones de galones de agua, 10 mil especies, y una última expansión de 75 millones de dólares. A lo gringo. Very big. Tiene una piscina gigante para delfines, con 1000 asientos para el público, acuarios gigantes para que los tiburones se sientan en pleno caribe. No solo tiene pescados (o peces debiera decir) sino que cuenta con una selva tropical poblada de pajarracos raros de colores que vuelan por sobre tu cabeza, y que imita a la perfección el hábitat natural de la selva amazónica con temperatura incluida, hacían como 50 grados y me chorreaba el jugo, pero estaba harto linda la selva, si hasta tenia arañas pollito. Unos tubos disfrazados de raíces tiraban vapor para mantener húmedas a las plantas choreadas, digo traídas, directamente de la amazonia brasileña. Como a las 7 de la tarde nos sirvieron la cena, que entre otras cosas incluyó atún con mayonesa lo cual me pareció de mal gusto considerando que estábamos en un acuario. La cena estuvo bien pero algo incomoda por la cara de nuestros compañeros de aventura. Luego de la cena, y como era de esperar, nos indicaron que teníamos una hora para disfrutar del gift shop, o tiendita de regalos. Me pareció extraño que el sablazo que nos pegaron por el tour (120 dollars each) no incluyera un mísero souvenir, pero no le dije nada a ella, que estaba toda sonriente y entusiasmada con la belleza del lugar. En el paseo por la tiendita no compramos nada, si nos burlamos de todo. Las boberías en display incluían desde libros sobre la reproducción de los piures hasta pulpos pegajosos con luces. Luego nos llevaron a la sala de clases para empezar nuestra noche con the sharks. ¡Yupi! estábamos contentos, por fin empezaría la aventura. Nos hicieron una charla de una hora. Luego hicimos un paseo por las instalaciones internas, aquellas que no ve nadie. Es un enorme laberinto. Detrás de las paredes hay un acuario aparte, lleno de maquinas y corredores. Luego volvimos a la sala para otra ronda de charlas. La cara de resto no era muy distinta a la nuestra luego de 2 horas adicionales de charlas de tiburones. Doctorado en biología marina decía la letra chica, puta que aburrimiento, pensé. Había un gordo con su señora que no parecía particularmente entretenido, pues la cabeza se le iba para tras del sueño, mientras el guía seguía con las aletas pélvicas del tiburón y su piel con poder de lija. Me acordé que al tiburón le secan la piel y se la venden en pedazos a las viejas para lijarse los juanetes, pero me pareció mejor no avergonzar a Juanita con tal pregunta.

Al rato interminable después nos dejaron libres, luego de otra charlita sobre cuanta gente en el mundo ha sido comida por un tiburón y trivia del estilo. El acuario viejo, esta unido al nuevo por un túnel de enormes ventanales de vidrio. Afuera llovía, el borde de Baltimore se veía nostálgico con las guitarras gigantes del Hard Rock y las altas chimeneas de la enorme librería Barnes and Noble. La caída de la noche nos daba un espectáculo delicioso en el túnel, donde además corría algo de viento fresco aunque artificial. Pero sin duda nada pagó la inversión como lo que venía, estar en el acuario toda la noche.

El lugar donde nos indicaron que dormiríamos era lejos el más impresionante del lugar, pues se trataba de una especie de observatório subterráneo del gran acuário, de ventanales en forma ovalada, donde danzaban frente a nosotros docenas de mantas rayas y unos cuantos tiburones en unas 3 ventanas gigantes. Con Ella nos apuramos y nos ubicamos en la ventana central, y teníamos tal excelente vista que veíamos frente a frente la ventana central, y dos a cada lado. Las manta rayas deslizaban sus barrigas coquetas ante nuestras manos que tocaban el vidrio.

Mientras preparábamos nuestros sacos de dormir, ansiosos por acostarnos a solo un metro frente a tamaño espectáculo, nos llamó la atención que parte del grupo se ubicó en partes donde no había absolutamente ninguna especie que observar, nada, solo concreto macizo. Me pareció escandaloso, por último por el precio. No tienen corazón pensé, impresionado de mi propio sentimentalismo. Un tercer grupo agarró sus pilchas y se fue. ¡Se fue! y otro tercer grupo quedó raja dormido, incluyendo el gordo con su señora, que puso el saco sobre el suelo, y al rato emprendió en una sinfonía de ronquidos. Nosotros no. Estábamos maravillados. El guía anunció que se prohibían los ruidos y que en pocos minutos apagarían totalmente las luces. ¿Totalmente? comentamos con ella, ¡que maravilla! Y así fue. Apagaron completamente las luces, solo dejando una luz muy tenue color calipso, como de amanecer que simulaba el fondo marino, que alumbraba el acuario ante nosotros proyectandose levemente hacia el exterior. No podíamos despegarnos de la vista que nos premiaban la manta rayas, que son animales muy pacíficos y juguetones, aves del mar. Acostados en el suelo, estábamos embobados. Solo faltaba algo para hacerlo más espectacular, ¡música! Le pasé un auricular a Ella y la sorprendí con unos conocimientos de música clásica que definitivamente no tengo y puse el Piano Concerto no.21 de Mozart, que no podía ser más apropiado para un baile acuático como el que estabamos presenciando. Esa composición me inspira. Si el nombre no les dice nada, se trata de la melodía del tiempo del noticiero central de TVN.

Y así las manta raya bailaron por horas como si quisiesen lucirse en despedida ante nuestros ojos, y las apuntábamos sin cansarnos embobados, sonriéndonos, hasta caer exhaustos de cansancio hasta cerca de las 6 y media de la mañana.

9 comentarios:

Paloma dijo...

WOW!!!! Qué bonita experiencia...

Yo sólo veo pescados en el mercado y cuando estuve viviendo cerca de Baltimore nunca fui al acuario... plop... tenía 17 años así que me parecía más entretenido ir el fin de semana a la casa de la Trini en Washington. Cariños a Juanita. Paloma

Dr. Strangelove dijo...

Me preguntaba, Reta, si los peces que uno observa como exposición de acuario, ven a los seres humanos de forma semejante. Será una forma de preguntar si acaso nosotros también constituimos "peces" de acuario vistos desde otro acuario.

luissifuentes dijo...

Definitivamente todo un paseo....envidiable ...linda descripción ,me trasladé literalmente.....buenas fotos ,en fín superpost....chaito!!!!

P.D. bacán el comentario del dr. strangelove....me dejó pensando

J. dijo...

Estoy seguro que comenté aquí!!

J dijo...

Solo a los gringos se les ocurren dichos servicios!!!

Pero que gusto y suerte... yo solo una vez he estado en un acuario así, y la verdad es que aluciné...

Slds

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Posted by J. to retamal.org at 5/09/2006 12:46:43 PM

bitacoreta.org dijo...

El famoso acuário. Vimos además ranas, caballos de mar como de medio metro y otros tan pequeños como las letras de esta nota. Respondiendo al Doc. el paseo por el acuário no deja de ser un espectáculo medio triste en ese sentido. Animales en cautivério para nuestro própio disfrute. A la inversa, y tal como lo comenta el Doc. nosotros de cierta forma en un cautivério de comodidad y lujos, paseandonos sin mojarnos, ni acalorarnos por una imitación de selva y mar. Efectivamente, que pensarán los delfines que son tan inteligentes viendonos desde sus ventanas? Un montón de mamiferos turistas que caminaban aburridos con sus ipods en las orejas y sus botellas de agua mineral? Que nos dirían esos bichos si pudieran decirnos algo.

J, fiel lector: el post original lo borré porque estaba con fuentes y tamaños distintos. De ahí se desapareció tu comentário original, que he rescatado desde los e-mails. Visiten el blog de J que está excelente: http://meafecta.blogspot.com/

Salud,
The travel editor
retamal.org

Luis Alejandro Bello Langer dijo...

Vaya carrete...en el acuario de Baltimore. No esperarías que sirvieran un lomo a lo pobre en un acuario, ¿verdad?

P.D.: Has sido linkeado.

LaRomané dijo...

Me vas a matar si te cuento esto... Varias veces he comido carne de manta raya en el Puerto de San Antonio (CHile). Es exquisita!!!
Mientras te leia, sentí una inmensa envidia por la experiencia que viviste.

Cariños
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LaRomané

Anónimo dijo...

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