miércoles

Diogo Tirado

Cuando niño viví en Brasil. Viví en la selva amazónica casi 4 años. Yo sí puedo decir con propiedad que viví donde mismo 'el diablo perdió el poncho', o con acento brasileiro 'na puta ki paríu'. Culpa de mi viejo que trabajaba en los lugares más insólitos. Desde cabro chico me acostumbre a ver cosas raras, desde culebras de colores, monos que emitian lloridos espantosos en la noche, a los índios que te golpeaban la puerta para venderte un mico, flechas, y pieles de tigres. Viví otros 3 años entre la ciudad de Camaqua en el extremo sur de Brasil y en Goiania, a una hora de Brasilia.

Entremedio viví casi 4 años en Bahía, no en Salvador, sino que muy al interior, en lo que se conoce como Sertao. En cuanto a sequedad, esto equivale al desierto de Atacama pero con un calor cercano a los 40 grados en un día considerado 'fresquito'. Estuve en unos 6 colégios en mi educación primária, y tengo serias dificultades para recordar nombres y caras de mis compañeros de colégio. Sin embargo hay recuerdos importantes en términos de amistades. Recuerdo a mi amiguita Zezinha, una pendeja portuguesa hija de los mejores amigos de mis padres, con quien corriamos a pie pelado por la selva y con quien nos bañabamos en rios amazónicos de agua pura y cristalina. Zezinha era la cabra más loca que he conocido en mi vida, hasta el día de hoy. Me hacía reir hasta mearme. Cuando estabamos en la piscina de niños, se ponía unas piedras enormes en el calzón del traje de baño y caminaba por los azulejos como si se hubiese cagado. Yo vomitaba de la risa. Con Zezinha, y esto no me lo cree nadie, me dí mis primeros besos, con lengua. Ella me agarraba y me langueteaba entero. A mi como que me encantaba y me dejaba nomás. Los papás de Zezinha eran encantadores. Su papá había escapado de la guerra civil en Angola, y producto de una serie de traumas, tenía un Alzhaimer avanzado con menos de 40 años. Era un gran conversador y hacia unos asados de pollo salado espectaculares. Me acuerdo que a veces mi mama me dejaba en la casa de Zezinha y el papa nos cuidaba. Habiendo almorzado yo le preguntaba, 'tío a que horas podemos ir a la piscina?' y él, 'tienen que pasar dos horas despues del almuerzo', sino 'les dá calambre', pero como a él se le olvidaban las cosas, nunca llegaba la hora, pues cuando le preguntaba nuevamente, el miraba su reloj y la hora empezaba a correr de cero. Zezinha partía nomás, yo más respetuoso no me atrevía y tenía fé que el se fuera a recordar. Cuando nos fuimos de ahí, hacia el año 80' lo lamentamos mucho y hechamos mucho demenos a esa família.
Del sur de Brasil recuerdo a un amigo particularmente, pero no recuerdo como se llamaba, ni como lo conocí, pero recuerdo que era muy pobre. No creo que a mi madre le haya gustado mucho cuando aparecí con el en la casa, pero se fue acostumbrando. Junto a él me hice un carrito de madera con rodamientos, y nos tirabamos rajados por los caminos de tierra del pueblo. El lamentó mucho nuestra partida y no veo como volver a encontrarlo, si ni siquiera sé su nombre. Solo me acuerdo que su casa tenía un horno a leña y que cruzabamos un riachuelo para llegar allá. Vivía cerca de un túnel de tren abandonado. Le dejé el carrito de rodamientos cuando mi papá tuvo la brillante idea de cambiarse al fresco Sertao bahiano. Allí ya estaba más grande, tuve muchos amigos, pero recuerdo a dos particularmente. El primero Marcelo Pimenta. Sin broma que se llamaba así. Era carioca. Gran amigo y frustración ya que era él tipo más inteligente que he conocido. Teníamos como 10 años y el papá lo hacia opinar sobre la economía de Brasil, la balanza comercial y la política cambiária para entretener a sus amigos en los asados de mi casa. No creo que Marcelo lo disfrutara, pero su papá gozaba con ver a los otros viejos, incluído mi papá con la boca abierta, preguntandose que pasó que sus respectivos que hijos salieron tan burros.
Sin embargo el amigo que más recuerdo es mi amigo Diogo. Tambien natural de Rio de Janeiro. Con Diogo andabamos juntos pa' todos lados. El vivía justo frente a mi casa. Era un lector voraz. Me iba a buscar a mi casa, y sacarlo de las revistas de comics o cualquier libro que leía mientras me esperaba era casi imposible. Muchas veces yo me iba solo a jugar y él se quedaba en mi casa leyendo hasta que mi mama lo encontraba solo en mi pieza. Solo ahi atinaba y se iba. Con él explorabamos caminos nuevos
para nuestras bicicletas en el campo, y haciamos pistas de cross. Haciamos un montón de maldades. Una vez nos dió por coleccionar tapitas del aire de neumáticos de autos. Como el pueblo era chico, el mercado se nos hizo chico y decidimos que deberíamos hacer algo más osado. Así que los muy hijos de puta decidimos coleccionar marcas de auto. Nos fuimos a los barrios más alejados de nuestra casa, al estacionamiento del hotel del pueblo, al estacionamiento del club y del colégio, y empezamos a sacarles con una pequeña navajita las preciosas marcas de los autos. Teníamos Fiat, Wolskwagen, Chevrolet, Gol, Passat, Dodge, etc. La cortamos solamente cuando salió una nota respecto a los reiterados robos de marcas de auto en el folletín semanal del pueblo que se distribuía gratis y que extrañamente todos leían. Diogo se lo devoraba. Todavía recuerdo donde escondíamos las marquitas. Teníamos un lugar secreto de reunión, en el campo, donde habían unas piedras gigantes, entre las cuales nos escondíamos. También nos dedicamos por un tiempo a las pitanzas, especialmente una que haciamos con mi hermana también, en la cual llamabamos reiteradamente a una casa preguntando por José, hasta que la persona cansada de decir que José no vivía allí, se enfurecía y nos mandaba a la 'puta ki pariu'. Acto seguido llamabamos a la misma casa y decíamos, 'Aló aqui habla José, será alguien me llamóu? Eran bromas inocentes que nos hacían reir muchísimo, pero que tenían a medio pueblo indignado. Mi papá me preguntaba si estabamos por detras de las pitanzas, y yo, nooooooo. Tambien jugabamos con polvora que en las fiestas de San Juan se conseguían en pequeños explosivos para niños que se vendían libremente. Juntabamos harta pólvora y la haciamos rebentar bajo naves espaciales que construíamos especialmente. El que la hacia volar más alto ganaba. Usualmente las naves terminaban completamente pulverizadas.
Después empezamos a fijarnos en las otras cabras chicas del pueblo. Juntabamos a varias niñas con otros amigos, y el más valiente (que no era yo), les sugería que jugaramos a un juego que no recuerdo el nombre, pero se trataba de taparnos los ojos y elegir a alguien. A esa persona había que darle un beso. Hacíamos trampa ya que Diego me tapaba los ojos y yo elegia y vice versa, pero Diego apretaba su mano sobre mi sien cuando se trataba de unas de las niñas que me gustaba a mi, y yo le hacía lo mismo, así nunca nos tocaban las niñas feas. Que bien lo pasabamos. El tiempo pasó y Diogo se enamoró de una niñita de Minas Gerais, que estudiaba en mi curso, yo iba adelante un año de él. Y a mi me gustaba mucho una niña llamada Carolina, que coincidentemente era de Minas Gerais. Para poder estar cerca de ellas, organizabamos fiestas en la casa de Diogo, y solo programabamos musicas lentas. Las niñas se quejaban porque querían bailar a Menudo y esas tonteras, nosotros lo único que queríamos era agarrarle las cinturas.
El año 85, mi papá, que ya estaba medio impaciente con los casi 4 años allá tomó la decisión de partir, así que nos fuimos. Mi último día en el pueblo fue en Julio. Con Diogo, mi amigo inseparable nos dimos un último abrazo para no volver a vernos nunca más. Y así los años pasaron.
El lunes ante pasado, y como todo lunes que no sirvo más que para reclamar y lamentarme, me andaba paseando melancólico por el Goooogle, y me dije, será que este guevon lo ubico por internet? Y puse en el google de Brasil, 'Diogo Tirado'. Para mi sorpresa ahí apareció, el mismisimo e-mail de mi amigo inseparable, hasta con su apellido materno, que aún recuerdo. Me dije, 'como tanta la coincidencia, tiene que ser él'. Así que le mandé apresuradamente un e-mail identificandome como su amigazo de Bahia. Pasaron los días y finalmente este lunes me respondió un tal Diogo. Fue como pegarse un portazo de cara con tu pasado. Me decía: hijo mio, no puedo creerme a mi mismo, soy yo!!! Además decía que venía llegando de un largo viaje y que me escribiría con más calma...
Ahhh que increíble, dije yo rebosante de felicidad,
não acredito!!!

Ahora no queda más que esperar con ansias que ese amigo de verdad te cuente que fue de su vida durante sus últimos 20 años...

7 comentarios:

aLvAliTrOx dijo...

Qué notable infancia compadre...y por sobre todo, que increible encontrarse de esa manera con gente que quieres. De verdad me gustó mucho tu relato..

Oye, pero mientras más ecribes, más preguntas me surgen sobre quién eres, qué nacionalidad tienes (creo que las tienes todas y a la vez ninguna)... ¿tienes algún vínculo con Chilito? No creas que te estoy pidiendo una suerte de biografía, pero me parece demasiado interesante tu historia de vida... entiendo que ahora vives en los estados juntos, ¿o no?

Un abrazo

kit dijo...

que buen relato de tu infancia!!, me gustó mucho, y pese a que cambiarse constantemente de casa y ciudad puede ser una tortura pa' un niñño, veo que para ti tuvo muchas ventajas y alegrías (aún con las penas de dejar a los amigos en cada lugar)..
en un minuto de tu relato, no se por qué, recordé esa novela de carlos franz, El lugar donde estuvo el paraiso"...
Que bueno que te vayas a reencontrar con tu amigo, aunq sea via mail, si a veces este internet y san google salvan,cabrito :p
jeje

saludos

José Antonio Galloso dijo...

Buena entrega de memorias
Envidiables vivencias
Saludos
El contacto está hecho
pues que se mantenga

LaRomané dijo...

Qué linda historia!!!
Me alegra saber que podrás rememorar todas esos recuerdos de maldades, aventuras y amores con Diogo.
To tb tengo una historia de cercanía con Brasil, espero contarla pronto.

Cariños
x0x0x0
LaRomané

Anónimo dijo...

Que infancia!! además tienes una forma de escribir DEMASIADO ENTRETENIDA...
Cariños
Yo

Luis Alejandro Bello Langer dijo...

Eso sí que es vivir en medio de la nada. ¿Hasta qué edad estuviste allí? Un poco más y tenías otros inicios con Zezinha, ¿eh? ¿Se encontró el botín de las marquitas de auto?

Lo que puede la tecnología...uno duda de poner su nombre por el temor de perder la privacidad, pero nunca se sabe lo que puede pasar.

Diogo dijo...

Pablo! jóder hombre, soy yo, Diogo Tirado! quedo emocionadíssimo com tu testimonio querido amigo(excusa mi pobre castellano, ya lo sabes que sou brasileño, o a lo mejor, carioca!)Hice lo mismo que tu: he puesto mi nombre em google.com.br y he dado contigo, mira que suerte! Pues, vuelva a escrebirme, créo no tener más su email... toma nota: diogotirado@gmail.com (este me va mejor q el hotmail). Quedo muy contento y con la esperanza de un dia volvermos a pasar tan buenos ratos juntos. Abrazos pa toda familia y cuidate!

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