martes

La bitacoreta y el cambio.


Cofradías de desalmados se han apoderado de todo. Han caricaturizado un pasado, amarrado el futuro, secuestrado las ideas del presente, monopolizado la opinión. Unos escasos e insignificantes pocos levantan sus inaudibles voces en protesta, pero complacientes callan en función de obtener una mascadita. Del viejo sí o un no, de un blanco o un negro se evolucionó a una complicidad sin extremos tan hipócrita como fétida, en la que muchos ganan.

Existe un permanente vencedor, que es rey, soberbio, déspota, ganador, que entiende que siempre lo será. Un séquito profuso de parásitos, usualmente ilustrados, convencidos de su mérito, le venden el alma de por vida a los reyezuelos y príncipes. Algunos le son críticos, aunque callan, pues el rey, el altanero líder, premia a sus soldaditos con el privilegio de no tener que transpirar para obtener nada, menos un trabajo.

Hacerte parte de esa red, de esa buena trenza, viene siendo la consigna. Tu líder has de favorecer y darle la oportunidad de inauguraciones de proyectos de (dudoso) futuro, discursos a quedar estampados en la piedra y bronce de la inmediatez. Entre canapés de fríos y calientes, todos buscan unas palabras del hocico anfibio relleno de champagne del líder. Todos buscan su mirada, pertenecer a su jerarquía.

Consíguele tribuna, capital político a ti, a tu rey, tu mecenas, flash de por medio, hazte parte de esa trenza, de ese mediocre escalafón, pero cuidado: las redes se extienden por todos lados. Cuidado con esa pared, ese ascensor, esa ventana, todo tiene oídos. A cuidarse especialmente de las conversaciones, en especial de aquellas que aparentan ser sinceras, no querrás caer en desgracia, defenestrado por pretender ser un poco menos mierda que el resto.
Imagen: Blog En clave de Fo.

viernes

El Rey ha Muerto

Michael Jackson ha muerto.


Le sobreviven una decena de parásitos, entre hermanos y padres, quienes ante la próxima repartija de su billón de patrimonio apuran en verse una familia unida. Derraman lagrimones cocodrilos y disfrazan el jolgorio de ver a la mejor inversión de la familia pasar a mejor vida.


Ante el mundo queda la imagen por fin humanizada de Jacko, vaya a saber uno quizá un buen hombre. Si renegó a todo aquello que lo mató: exposición, falta de privacidad, la banalidad, la injusticia. Su publicista sostuvo que no le sorprendía su muerte, pues "ningún corazón puede aguantar tanta presión, por tanto tiempo"...


Fueron miles los que hicieron de la vida de Michael un quehacer cruel, comiendo gratis gracias a su desgracia, como si el hombre no estuviese hecho de carne como todo el resto de nosotros. Periodistas, opinólogos, productores, médicos, asistentes, empleados, empresarios, ex amigos, y uno que otro chileno.


Michael, ni bueno ni malo, un niño hombre. Sus escasas apariciones arrojaban millones, que nunca vió cuando quizá lo necesitó, agobiado (quizá) por las deudas y las bajas ventas de un subestimado álbum. A a punto de drogas que lo mantenían en desvarío permanente, su círculo íntimo le alimentaba una realidad que estaba lejos de ser la suya.

Con su look de cafiche ganador, su padre aparece ante la prensa, llorando la muerte de un hijo que lo despreciaba. Para seguir parasitando con estilo, pide la custodia de los hijos huerfanos.


Se sostiene que Michael habría mostrado sorpresa al enterarse de los 50 conciertos de su vuelta en el O2 de Londres. Habría firmado por 10. Su médico y dealer del demerol trastornante, pide 300 mil verdes por los servicios atrasados. La madre de sus hijos dice que Michael nunca fue el padre. Los productores de los conciertos en Londres piden una recompensa al tiempo que organizan el espectacular show de su velorio. Lejos de allí, un joven sostiene que era todo mentira, el rey nunca abusó de él, todo fue un ardid de su padre.


Michael murió un jueves, 25 de junio. El sábado 27, sendos camiones de mudanza se estacionan en su casa de los cerros de Beverly, enviados por la parasitada Jackson. Algo de razón tenía Michael de aceptar a regañadientes actuar al lado de los regordetes inútiles de sus hermanos. Algo intuía de lo que a sus espaldas se anhelaba, y es que muerto valía más que desvariado.


Como un relámpago en su conciencia, un repentino golpe de lucidez debe haber alcanzado a Jacko en esos breves segundos de pánico cuando en el suelo desvanecido, percibió que era el minuto final de su ocaso. Cuando nada podría hacer, no le quedó más que transportarse a su infancia, al preciso momento en que por alguna razón decidió alejarse de ese ser común y corriente que somos todos.


Tranquilo Rey del Pop, estas donde hace mucho quisiste estar Peter Pan.

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